Amoblar una casa completamente vacía produce algo parecido al pánico escénico de los actores, o al vértigo que siente el escritor ante la hoja en blanco. Y es que empezar desde cero nunca es fácil, aunque tengas muchas ideas. Cuando llega el momento de ejecutarlas surgen miedos, inseguridades y dudas, sobre todo si estás construyendo un hogar.
Pero, así como hacen los artistas, hay que dar un paso adelante y encarar el desafío, porque con entusiasmo las cosas siempre salen mejor. Eso sí, aunque el corazón es indispensable a la hora de amoblar y decorar, también hay que usar la cabeza, en especial en las primeras etapas.
Definiendo los espacios
Lo primero es observar bien tu nueva casa (o departamento). Fíjate bien en todos los “accidentes arquitectónicos”, como columnas, dirección en la que abren las puertas y ventanas, ancho de los pasillos, etc. Tomar medidas y hacer un plano te puede ayudar para tener una idea general de tu casa y empezar a dibujar tus espacios.
Escoge un estilo y colores básicos para cada habitación
Este paso es mucho más importante de lo que parece, porque te ayudará a tener una guía para decidir qué necesitas.
Si no lo tienes claro, apuesta por lo neutro, especialmente para los muebles grandes, que se cambian con poca frecuencia. Elige diseños, colores y materiales que puedas integrar en distintos estilos y resistan el paso de las modas. Los infalibles son las maderas poco tratadas, las fibras naturales y los colores tierra. Los básicos pueden parecerte un poco aburridos, pero si tienes dudas, son ideales. Podrás darles un giro cuando quieras y, además, no te condicionarán el resto de la decoración.
Selecciona los imprescindibles
Si vienes de otro departamento, de uno compartido o de casa de tus padres, seguro que tienes algunas (o muchas) cosas para tu nueva casa. Sin embargo, éste suele ser un momento ideal para hacer limpieza y deshacerte de lo que está desgastado, tiene poco valor sentimental, que compraste para salir del paso, o no te gusta… Como dice la escritora y experta en orden japonesa, Marie Kondo: agradece a tus objetos y muebles su servicio, y despídete de los que ya no te hagan feliz.
Los básicos
Imagina que quieres llenar un tarro de vidrio con piedras y arena. Si comienzas con la arena no te cabrán las piedras, pero si lo haces al revés, y metes las piedras primero, la arena se acomodará fácilmente. En una casa ocurre lo mismo, por eso, hay que empezar por los muebles grandes: sofá, cama, armarios, comedor, alfombras, mesa de centro y otros.
Estos muebles son básicos, indispensables y, por lo general, son los que por más años nos acompañan. Por eso es importante elegirlos bien y, si tenemos un poco de presupuesto, dedicarle una buena parte a estos ítems.
Elígelos según los espacios y estilos que habías definido en los pasos anteriores. ¡Recuerda medir bien!.
Una casa debe ser, ante todo, cómoda y práctica. Una buena idea es aprovechar que está todo el lugar vacío para marcar el tamaño de los muebles con cinta adhesiva. Así podrás hacerte una idea de cuánto van a ocupar tus muebles.
Los secundarios
Cuando tengas lo básico vas viendo, con el uso, qué te falta. Es el momento de comprar los veladores, arrimos, butacas, lámparas secundarias, espejos y cuadros.
Piensa en muebles y detalles que te puedan servir en el futuro, pero sobre todo y ante todo, ¡sé práctico!. Todos nos hemos enamorado de un chaise-long o un chandelier antiguo… pero si no cabe, busca alternativas que den el mismo efecto, manteniendo tus espacios dinámicos y despejados.
Los detalles
Por último, ¡diviértete decorando!.
En los pequeños detalles está la calidez definitiva de tu hogar, y con ellos consigues darle ese toque único y tuyo.
Ayúdate con cojines, velas, marcos de fotos, frazadas y todo lo que más te guste…