4 febrero, 2021

La importancia de enseñar a nadar a los más pequeños

Aprender a nadar es una verdadera necesidad para los niños, es un seguro de vida que nos tranquiliza ante uno de los pasatiempos más entretenidos del verano para los más pequeños: jugar en el agua.

Te explicamos por qué debe ser una prioridad el enseñar a nadar a los niños.

Una obsesión para los padres

Enseñar a nadar a los niños es una necesidad. La mejor opción es la posibilidad de que los niños se familiaricen con el agua desde muy pequeños, algunos nos sorprenden cuando con tan solo unos meses pueden bucear conteniendo la respiración, salen a flote y disfrutan de la sensación de un baño compartido con sus papás. Para los bebés son muchos los beneficios, ya que la natación mejora sus capacidades cardiorrespiratorias, favorece su alineación postural y beneficia su coordinación muscular y capacidad sensorial, aunque también puedan ser más sensibles a resfríos, otitis o enfriamientos.

Acercarlo al agua

Cuanto más tiempo el niño esté apartado del agua es más probable que se despierte en él la inseguridad y la desconfianza dentro del agua, por eso hay que animarlos desde pequeños a compartir momentos gratificantes dentro del agua. Si al niño le gusta estar en el agua y disfruta de jugar y sentirse ligero dentro del agua, el aprendizaje llevará menos tiempo.

He escuchado testimonios de amigos para los que su aprendizaje fue un trance desagradable, ya que bien su padre o alguien de confianza decidieron arrojarlo al agua para que saliera a flote, y finalmente tuvieron que sacarlo medio ahogado. El temor del niño a ahogarse, impide el aprendizaje, por eso hay que evitar métodos bruscos, aunque con algún otro niño haya podido funcionar. Los bebés de menos de un año se adaptan más rápidamente al agua que los más grandes.

Confía en los profesionales

Ya hay muchos papás que confían esta tarea en los profesionales de escuelas de natación, aunque también podemos enseñarles nosotros mismos, mediante el uso de flotadores, chalecos salvavidas, tablas u otros objetos flotantes que en un principio les proporcionen seguridad y los animen a jugar. Mientras dure el aprendizaje no debemos perderlos nunca de vista. Asimismo, es importante que el niño aprenda a meter la cabeza bajo el agua, para aprender a contener la respiración y no sentir pánico ante la posibilidad de que el agua les cubra la cara. Saber nadar incrementará en nuestros hijos su autonomía, confianza y adaptación, convirtiéndose para ellos en un juego divertido. Para los papás supondrá un respiro y una preocupación menos, pensando en su seguridad, ya que en época de vacaciones los ahogamientos son una causa frecuente de muerte, especialmente en niños menores de 5 años.

Matronatación

Para que los niños pierdan definitivamente el miedo al agua y cuando vayan creciendo sean capaces de nadar por sí solos, muchos expertos recomiendan la matronatación cuando son bebés. Esto consiste en que la mamá y el bebé disfrutan de jornadas de piscina tutorizadas mientras experimentan el contacto piel con piel y de paso establecen vínculos afectivos únicos

Además, de esta manera ayudaremos al bebé a encontrar estímulos y conseguirá desenvolverse mejor en muchos sentidos, ya que, además del contacto con el agua, tendrá que jugar con los elementos que se introduzcan en la piscina, y se familiarizará con el entorno. Esto le ayudará a querer lanzarse al agua cuando sea más mayor y pueda tener la capacidad psicomotriz de alternar piernas y brazos para avanzar por el agua.

Consejos para ayudarlo a nadar

Cuando ya son un poquito más mayores, podemos poner en práctica ciertos trucos para que les sea sencillo aprender a nadar con cariño y paciencia:

Flotadores: Para que los niños se vean independientes pero no sufran al ver que están “solos ante el peligro”, lo mejor es que tengan puntos de apoyo. Pueden ser unas manguitas (alitas), o un flotador al que se agarren con la ayuda de los padres, para que traten de mantenerse rectos pero no se sientan abandonados en el agua.

Una tabla: Este elemento siempre está presente en las piscinas y es de lo más útil para que los niños aprendan a nadar fácilmente. Lo que se trata de hacer con él es colocar al niño agarrándolo de forma horizontal para que pueda patalear y avanzar, y después podemos cambiarlo a la zona de los pies para que en este caso ejercite los brazos.

Sujetarlos por el abdomen: Lo que piensan los niños cuando tienen que nadar sin ayuda es que no van a conseguir flotar, y muchos se ponen muy nerviosos por no tener la ayuda de algún tipo de flotador. Para evitarlo, tenemos que poner la mano en su abdomen de una forma muy ligera para que se vea sujeto pero para que podamos retirarla conforme vaya chapoteando cada vez con más confianza.

Juegos acuáticos: Lo más importante para que el niño pierda el miedo de una vez por todas y se atreva a flotar y nadar sin ayuda, es que vea el momento de la piscina como un juego absoluto. Para ello, podemos acompañar los ejercicios con canciones, saltos e inmersiones para que también aprenda a bucear y lo vea todo como una gran fiesta.

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