18 noviembre, 2019

Vamos del desorden al orden… en un solo día

No necesitas un departamento con más metros cuadrados, sino organizar tus muebles y deshacerte de lo que te estorba. ¿Sabías que cuando estamos en un ambiente ordenado rendimos más?. Incluso dormimos mejor. El desorden ralentiza nuestras tareas cotidianas (hasta el simple hecho de anotar la lista de las compras se complica si no encuentras el lápiz) y nos genera un estrés innecesario (ver una mesa con un sinfín de objetos amontonados no es el mejor panorama para relajarse después de un día de trabajo).

La clave: organizar, tirar y crearnos rutinas para mantener el orden.

¿Por dónde empezar?

Evita el vértigo de enfrentarte a la casa entera, dividiéndola mentalmente por partes. Primero 1 dormitorio, luego 2 dormitorios, luego el baño, la cocina, la despensa y así sucesivamente. Si te concentras en una zona, ya habrás dado el primer paso. Luego tomarás confianza y continuarás con el resto de la casa.

Despeja el recibidor

Es el primer lugar que vemos al abrir la puerta, donde dejamos esos objetos imprescindibles para salir a la calle (las llaves, el abrigo, el bolso) y que suele ser un pequeño caos. ¿Has llegado tarde a la oficina porque no encontrabas las llaves del auto?. Pon un pequeño mueble o estante para dejar las llaves y la correspondencia. Si ya lo tienes, organiza todo eso: tira las llaves que no sepas de qué son, clasifica las cartas, deshazte de los post it de hace tres meses, pon un recipiente para las monedas y evita que se acumulen. Si tienes un ropero, deja solo los abrigos de uso diario. Los de fiesta, al dormitorio. Los deportivos, también. ¿Tienes un perchero?. Deja solo un abrigo por cada miembro de la familia. Si en tu familia son muchos, pon otro perchero.

Documentos a mano

Cierra los ojos y piensa: ¿encontrarías a la primera los recibos del gas, el seguro médico, el de las contribuciones y la invitación al cumpleaños del mejor amigo de tu hija?. Crea un “centro de control”: un cajón o una parte de una habitación donde almacenes todo eso. Reúne todos los documentos, clasifica y tira las cuentas de hace 10 años. Ahora, agrupa las que desees guardar y ponles un nombre identificativo: ‘casa’, ‘colegio’, ‘clínica’. Suena largo, pero se hace rápido. De paso, pide que te envíen todas las facturas posibles vía online. Te evitarás toneladas de papel. Tu casa te lo agradecerá.

Cocina lista

¿Quién no envidia las cocinas de la tele, tan amplias, relucientes y con todo lo necesario a mano?. Bueno, lo primero es que son set de televisión. Lo segundo, los chefs son extremadamente organizados. Podemos aprender mucho de ellos. De entrada, la encimera es un espacio de trabajo, no un almacén para correo, llaves o libros. Límpiala y mantenla así siempre. Ahora, toca meter mano a la loza: vasos y platos cerca del lava vajilla, ollas y sartenes, cerca del horno. Hay cajoneras extraíbles, regulables, deslizantes y divisores de cajones y estantes. Juega con ellos para adaptar el espacio al tamaño de todo lo que tienes. De paso, examínalo. ¿Tienes 8 vasos y son solo dos?, ¿La vajilla es un catálogo de platos de los últimos 10 años, porque has ido comprando según se rompían?, ¿Tienes electrodomésticos que no usas?. Haz un lote con lo que no uses y dónalo a una ONG, ponlo en venta, o llévalo al punto limpio. Ganarás espacio. Y con más espacio, es más fácil mantener el orden.

El refrigerador no es una vitrina

¿A quién no le hacen gracia los imanes?. El problema es cuando acumulas setenta en la puerta del refri. Sí, son recuerdos de viajes y da pena tirarlos. La solución: forra la puerta interior de algún armario con una plancha metálica y pégalos allí. Deja en tu refrigerador los indispensables y quita los trescientos post it con anotaciones. Ya hay aplicaciones móviles para eso.

Dile adiós a esos cosméticos inservibles

Que levante la mano la que no acumule hidratantes que no usa porque son aceitosos, huelen mal o sacan granos. Si es así, tíralos. No los vas a usar y lo sabes. Lo mismo con ese perfume horrible que te regaló tu cuñada, el labial fucsia que compraste porque aquella revista decía que era lo más inn en Londres o esa anticelulítica que no has usado nunca. Chequea las fechas de caducidad.

Ten en cuenta que los cosméticos suelen expirar entre 12 y 18 meses después de su apertura.

Aprovecha para limpiar el closet. Te sorprenderá la de horquillas, limas y cachivaches que encontrarás. Puede que hasta recuperes las pinzas de depilar que perdiste hace dos años. Repite la operación en el baño. Deja solo los productos de uso diario y guarda en un lugar cercano, pero separado, la red del pelo, el exfoliante. Finalmente, mete mano al botiquín. Y a las toallas. ¿Acumulas un montón, algunas bastante gastadas y de color incierto?. Mételas en una bolsa y al contenedor de las lanas. ¿Sabías que esas fibras pueden servir para crear nuevos tejidos o para forro de los asientos de los autos?.

Tu closet es un altar

Deshazte de la ropa que no usas, la que se ha pasado de moda (sí, todo vuelve pero no siempre igual) y la que no te queda (si ese pantalón te aprieta pero llevas dos años con la misma talla, tíralo sin dolor de corazón). Una vez que solo queden las que crees que vas a ponerte, ordénalas por colores y tamaños. Separa las de invierno y verano y mete las que no vayas a usar en unos meses en una bolsa de guardar al vacío (de esas que sacas el aire con la aspiradora). Usa separadores de cajones, colgadores o cajas para zapatos. ¿Haces mucho deporte?. Ponte en la lista de cosas por hacer “lavar las zapatillas”. Ocuparán lo mismo, pero el armario no olerá a difunto. De paso, cuelga bolsitas de lavanda. Un ropero organizado y con olor a limpio siempre es inspirador.

¿Qué hay debajo de la cama?

De niñas tememos que haya un monstruo bajo la cama. De mayores hacemos todo lo posible para que un asesino en serie no se esconda bajo nuestro lecho acumulando toda suerte de cosas bajo la cama. ¿Eres de las que almacena cajas de zapatos, maletas, el banco de abdominales o los trastos de la playa bajo el somier?. ¡Nunca mas!. Retira todo eso, guárdalo en su sitio y tira el banco de abdominales, si aún conserva el precio es señal de que no lo has usado demasiado. Ahora limpia a conciencia. Tal vez no quepa un asesino, pero para las cucarachas eso es un hotel cinco estrellas. Una vez despejado, no vuelvas a llenarlo. Mejor un monstruo que cucarachas.

La silla acumuladora

Solemos tener una silla para desvestirnos con comodidad. ¿Y luego, qué?. ¿Eres de las que deja la ropa del día tirada en la silla?, ¿Tiras sobre ese montón tu pijama?, ¿Sigues así hasta que hay una montaña de ropa?. Es hora de recogerlo todo: la ropa reutilizable, al closet. La sucia, a la lavadora. Recuerda: reutilizar implica doblar o colgar, no crear una nueva torre de ropa dentro del closet. Si está arrugada, no te la pondrás. Incluso puede que la pierdas de vista. Una vez eliminado el caos de la silla, aplica tus dotes de orden a la mesita de noche.

¿Dónde está el control remoto?

Parece mentira que no tengan patas y la facilidad con la que desaparecen, ¿verdad?. Sucede por no tener un espacio (una caja, un organizador…) donde guardarlos todos juntos. Deja ahí el de la tele, el del decodificador, el del aire acondicionado… ¿te acurrucaste anoche en el sillón con una mantita que hoy está tirada?. Dóblala y déjala sobre uno de los brazos del sillón. O habilita un cesto bonito para las mantas (dobladas en forma de cilindro). ¿Hay cargadores por todas partes?. Acostumbrate a meterlos en una caja.

Queda la parte más dura: libros, revistas y material audiovisual. Empieza por las revistas. ¿Realmente las consultas?. Si es no, dónalas. Ahora organiza libros, videos y demás por orden alfabético, temático o emocional. ¿Vas a reutilizar los libros del embarazo?, ¿Aún conservas un manual de usuario de Windows?, ¿Un catálogo de la Expo 92?. Ya sabes: al contendor de papel o a reciclar.

Queda echar un vistazo a las plantas de interior. ¿El cactus agoniza?, ¿Guardas la flor de Pascua de la pasada Navidad, que hoy es solo un palo con tres hojas tristes?. No desesperes: no todo el mundo tiene mano con las plantas. Tíralas y pásate a las artificiales. Ahora hay igualitas a las de verdad. Relucientes, lavables y no se marchitan.